Archive for 26 septiembre, 2011


La Reproducción asexual, también llamada reproducción vegetativa, es la que se produce sin la unión de los núcleos de las células sexuales o gametos, si no a partir de otras células del individuo adulto ya desarrollado, de tal manera que el individuo resultante es desde el punto de vista genético, idéntico al parental. La reproducción vegetativa tiene lugar por fragmentación del individuo adulto o a partir de estructuras asexuales especiales. Un ejemplos de reproducción asexual es la que se hace a través de los bulbos.

               

Los bulbos, al igual que los rizomas, cormos y tubérculos, son órganos subterráneos de almacenamiento de nutrientes. Las plantas que poseen este tipo de estructuras se denominan colectivamente plantas bulbosas.

   
Algunos de los génerosde plantas que forman bulbos son:

  • Allium
  • Amaryllilis
  • Eucharis
  • Fritillaria
  • Galanthus
  • Galtonia
  • Haemanthus
  • Leucojum
  • Lilium
  • Lycoris
  • Muscari
  • Narcissus
  • Nerine
  • Oxalis
  • Polyanthes
  • Tulipa

          

La hoja (del latín folĭum) es un órgano vegetativo y generalmente aplanado de las plantas vasculares, principalmente especializado para realizar la fotosíntesis. La morfología y la anatomía de los tallos y de las hojas están estrechamente relacionadas y, en conjunto, ambos órganos constituyen el vástago de la planta.

    

       

Las hojas son extraordinariamente variadas en cuanto a su forma, la que suele ser característica de cada especies, aunque con grandes variaciones entre individuos e incluso dentro del mismo individuo.

     

Las hojas se pueden clasificar según : la forma del limbo, el limbo, el borde, su nervadura, según su disposición en el tallo, etc.

El hombre puede captar con su nariz partículas olfativas procedentes de un campo de flores que han viajado en el aire. En el ser humano, los órganos de recepción del olor radican en la nariz. Disponemos de la pituitaria roja, que filtra, calienta y humedece el aire que respiramos y la pituitaria amarilla, que contiene los receptores olfativos. 

   

     

       

Las sustancias olorosas son transportadas por el moco acuoso a los cilios, que las transforman en señales químicas. Estas señales viajan entonces a través de las prolongaciones nerviosas de las células olfativas hasta el bulbo olfatorio, que los transmite a su vez al córtex olfatorio, al sistema límbico y al córtex frontal, dónde se produce la percepción fi nal del olor.

        

        

El órgano de la percepción del olfato no está tan desarrollado como el de la vista o el oído. Eso hace que pueda decirse que las sensaciones de olor son percibidas casi directamente por el cerebro, cosa que acentúa el carácter fuertemente emocional y subjetivo de las experiencias olfativas.

          

                

El mecanismo del funcionamiento del olfato humano es aún poco conocido. La primera y más popular de la teorías la formuló John Amoore en 1964. Sostiene que los receptores olfativos funcionan con el principio de la llave y la cerradura. Estos receptores distinguirían las moléculas responsables de cada olor no tanto por su composición química como por su forma y tamaño. Este acto de encajar cada molécula con su receptor específi co en la nariz por su forma geométrica, produce el estímulo nervioso que es transmitido al cerebro.



Basándose en este concepto, estableció una clasifi cación de siete olores primarios que los estudiosos consideran un importante marco de referencia: alcanforado, mentolado, almizclado, floral, etéreo, picante y pútrido.

   


El sentido del olfato detecta partículas que viajan por el aire y toman contacto físico con nuestros órganos olfativos. Esto hace que sea un sentido fácilmente saturable, pues si el número de estas partículas es elevado, pueden llegar a bloquear los órganos de captación. Estas partículas olorosas, formadas habitualmente por carbono, hidrógeno y oxígeno son generalmente moléculas orgánicas y ligeras, lo que les permite mayor volatilidad.

   



  

           

Para que una determinada materia “huela”, es preciso que efectivamente desprenda partículas y también que exista un medio (aire o agua) que transporte estas partículas hasta un órgano olfativo capaz de interpretarlas como una sensación de olor.


              

El gusto por unos olores u otros tiene que ver con factores culturales y sociales.

 


       

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